Ideología futurista
El futurismo como expresión de performance anticipó la transdisciplinariedad, buscando lo desconocido incluso desde el manifiesto fundacional de Marinetti y el ruido futurista. Sin embargo, el futurismo italiano estaba lleno de contradicciones pues fue un movimiento que parcialmente inició con el fascismo, y ello es un hecho que puede oponerse a un pensamiento transdisciplinario más actual. Sin embargo, como menciona Mark Antliff, el fascismo no es un término fijo (Antliff 2002, pp. 164–165), por lo que la relación entre fascismo y algunas vanguardias como el futurismo se debe considerar desde las circunstancias de ese momento histórico, y el apoyo de parte de la sociedad con, por ejemplo, Benito Mussolini, que fue por diferentes razones cambió con el tiempo.
Inclusive el artista Ardengo Soffici habló de la incompatibilidad entre futurismo y fascismo debido al ambiente futurista anárquico e industrial en contraste con la disciplina y obediencia del fascismo, y, curiosamente, el bolchevismo también fue industrial, lo que fue una rara relación con el futurismo que el mismo Marinetti tuvo que refutar diciendo que el movimiento no era comunista en absoluto. Sin embargo, a pesar de sus diferencias y matices, el futurismo sí contó con el apoyo de Mussolini (Rainey 2009, pp. 33-34), pero, aun así, teniendo en cuenta ese vínculo con el fascismo, el futurismo italiano no parecía estar en la misma línea con la eugenesia, en la que el ser humano debe satisfacer un puritanismo artístico.
El futurismo fue teórico por sus manifiestos (Rainey 2009, p. 14), por ejemplo, El arte de los ruidos de Russolo revaluó el uso del ruido en la música (Chessa 2012, p. 215) y se refirió a sus noise-tuners, pero las ideas detrás de estos objetos no estaban en concordancia con las pretensiones del fascismo, y menos con su defensa de un pasado cultural. Sin duda, aquella no es una actitud transdisciplinar en relación con el tipo de inclusión del arte de vanguardia del siglo XX (Rainey 2009, p. 4), pues los noise-tuners de Russolo, más bien, estaban estrechamente relacionados con los experimentos de Marinetti sobre la poesía (Rainey 2009: 36) o sus Words-in-freedom, lo que era un trabajo artístico principalmente.
No obstante, Mussolini reunió a algunos futuristas italianos en los Fasci di Combattimento con activistas políticos y veteranos de guerra, puso a Marinetti en la Royal Academy of Italy en contradicción con el antiacademicismo futurista (Rainey 2009, p. 32) y utilizaba los discursos futuristas para promover su causa (Antliff 2002, pp. 156-157) e incluso arte fascista. Por ejemplo, L’uomo futuro de Arnaldo Ginna era parte del plan racial de Mussolini: un ser humano biomecánico hecho para servir al fascismo (Chessa 2012, pp. 221-222). Esa idea en mi opinión estaba cerca de la eugenesia nazi porque ambos tenían el mismo objetivo servil (Antliff 2002, p. 159), pero lejos de la idea de los noise-tuners, a mi entender. Seguramente, como dijo Mark Antliff, el fascismo buscaba la modernidad y la vanguardia siendo, al mismo tiempo, nacionalista y conservador, aceptaron por ejemplo Bauhaus, el diseño moderno, el expresionismo (Antliff 2002, p. 149), etc.
En definitiva, una de las respuestas para lograr al ser humano fascista fue, por ejemplo, Futurist Reconstruction of the Universe: un manifiesto violento elaborado para educar a los niños sobre la guerra, utilizando herramientas multisensoriales. Por razones justas, el movimiento futurista italiano terminó con el régimen, porque desde mi punto de vista, artefactos como los plastic complexes futuristas, además de fundamentar el hombre del futuro de Ginna, también fueron creados para el control mental de la población (Antliff 2002, p. 165). Ciertamente se estaba idealizando una nueva humanidad mediante la manipulación (Antliff 2002, p. 154), y los fascistas buscaban cambiar la percepción de la vida glorificando sus mitos, usando inclusive un calendario especial, y sustituyendo cosas como la religión por el partido político. Con ello quisieron conquistar de alguna manera el tiempo del pueblo, e invadir su vida cotidiana (Antliff 2002, p. 163).
Conclusión
Hubo una gran cantidad de grupos artísticos a principios del siglo XX que se relacionaron entre ellos y compartieron varios intereses, así como grandes desencuentros, en medio de una situación política de guerra y nacionalismo. Existió, por ejemplo, Strapaese que glorificaba la cultura rural de Italia con artistas que tenían a su vez relación con el futurismo, como Soffici y Carlo Carrà, o movimientos como Novecento, que fue un movimiento de Mario Sironi y Carrà cuando dejaron el futurismo, y que se interesaron en la fusión de la modernidad con la tradición, todo auspiciado de alguna manera por el fascismo naciente.
Un caso interesante es la referencia a la esencia nacional del futurismo en Italia y Estados Unidos de América, ello fue evidente en el arte de Soffici y Sironi (Antliff 2002, pp. 150-152) y una gran parte del repertorio de mi investigación, puesto que, por ejemplo, en la Sonate sauvage de Antheil, además de su evidente ruidismo al teclado, hay una clara referencia americana de su lejano oeste. Este tipo de combinación se puede asociar a mi investigación, destacando los ideales pluralistas de la expresión del piano futurista, pero también, en el caso del movimiento italiano, sería correspondiente al sentimiento melancólico sobre los principios regionales, glorificados por el fascismo en Europa, pero que se estaba perdiendo debido a la globalización y el capitalismo en ese tiempo (Antliff 2002, p. 148).
El movimiento futurista buscó innovaciones tecnológicas para un cuerpo, pero involucraron el ocultismo, bajo mi perspectiva, para una esencia. Pero, en los últimos años del movimiento, el futurismo incluyó rasgos de vanguardias extranjeras y los límites entre las diferentes corrientes artísticas se volvieron bastante vagos (Rainey 2009, p. 35). No obstante, dentro de las vanguardias, los futuristas trabajaron en la convergencia de diferentes artes inspirando la nueva visión interpretativa expuesta, y no solo en música, ejemplos como el excepcional cuadro La musica de Russolo, ya mencionado, que representa la música con una banda azul y la atmósfera musical de un pianista al teclado, asegura la anticipación del pensamiento transdisciplinar en la época. Aquí, al menos, la música, la pintura y la escritura estaban implicadas. De hecho, fue el poeta futurista Paolo Buzzi quien interpretó La musica de la siguiente manera: Russolo como un intérprete de música rodeado de un entorno místico (Chessa 2012, p. 210).
La Carta de la Transdisciplinariedad argumenta una actitud abierta ante las creencias y mitos, y a partir del mito futurista, puedo concluir y proponer una profunda interacción entre el cuerpo, las técnicas pianísticas en el teclado o sin el teclado, la interpretación, y los repertorios no usuales del instrumento, tomando al cuerpo y las nuevas sensaciones físicas como un agente fundamental para obtener nuevo conocimiento al piano, tanto técnico como performativo.
Agradecimientos
Es importante afirmar mi gratitud con Severo Ornstein, quien me permite citar los extractos de las partituras de Leo Ornstein. Además, muchas gracias a Matthieu Lopes que me ayudó en el congreso HOP 2018 en Aveiro a presionar el pedal derecho del piano en The Banshee (ver Imagen 4), así como a mi equipo de orientación doctoral: las maestras Helena Santana y Shao Ling de la Universidad de Aveiro (Portugal).
[1] En un punto de vista estándar, los futuristas estaban en contra de la orquestación de su tiempo.
Referencias
Antliff, M. (2002). Fascism, Modernism, and Modernity. En The Art Bulletin 84 (1), (pp. 148–169). doi:10.2307/3177257.
Chessa, L. (2012). Russolo, futurist: Noise, Visual Arts, and the Occult. Los
Ángeles, EE. UU.: University of California Press.
Cizmic, M. (2010). Embodied Experimentalism and Henry Cowell’s The
Banshee. En American Music 28 (4), (pp. 436-458).
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Freitas, L.; Morin, E. & Nicolescu, B. (1994). Carta de la
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